Huella de carbono de los bancos. Seis palabras que, hasta hace poco, no veíamos juntas con frecuencia. Pero el panorama está cambiando rápido.
Cada vez más entidades financieras están empezando a medir su impacto ambiental. ¿Por qué? Porque si no lo haces, te vas a quedar atrás. Y no solo en reputación, también en competitividad.
¿Qué pinta un banco en todo esto? Más de lo que parece. Aunque no fabriquen productos, financian sectores que sí generan emisiones. Y ahí está la clave.
¿Podemos relajarnos? No del todo. Porque el mercado está pidiendo datos. Y quien no los tenga, pierde.
En este artículo vamos a ver cómo los bancos pueden medir su huella de carbono, por qué es clave hacerlo y qué papel jugamos desde Dcycle para que todo esto no sea un lío.
La huella de carbono de un banco no viene de chimeneas ni fábricas. Viene de algo más silencioso pero igual de potente: su dinero.
Cuando financiamos proyectos, otorgamos créditos o invertimos, estamos vinculando esas emisiones a nuestra actividad. Y eso también hay que medirlo.
No hablamos solo de las oficinas o los servidores. La mayor parte del impacto está en las operaciones que financiamos.
Las emisiones directas (Alcance 1) son mínimas en el caso de los bancos. Pueden venir de vehículos corporativos o del consumo energético en oficinas.
Pero lo importante está en las emisiones indirectas (Alcance 3). Y ahí entran desde los viajes de negocio hasta los préstamos a industrias intensivas en carbono.
Estas emisiones indirectas son las que realmente definen la huella de un banco. Y si no las tenemos en cuenta, estamos mirando solo la punta del iceberg.
Porque sin financiación, muchos proyectos no existirían. Y eso tiene consecuencias.
Si financiamos una planta de carbón, aunque no la construyamos, somos responsables de parte de su impacto. Es lo que se conoce como “emisiones financiadas”.
Este tipo de emisiones ya se está midiendo, y cada vez con más presión. Porque no se trata solo de ser sostenibles internamente, sino de analizar todo lo que activamos con nuestro capital.
Porque ya no es opcional. Si queremos competir, necesitamos entender y reportar el impacto real de nuestras operaciones.
Las regulaciones lo exigen, los clientes lo esperan y los inversores lo valoran.
Además, medir bien nos permite tomar mejores decisiones estratégicas. Identificar sectores de riesgo, reducir exposición a industrias contaminantes y construir una cartera alineada con los estándares que vienen.
CSRD, Taxonomía Europea, SBTi, ISO 14064… Si estas siglas aún no suenan familiares, toca ponerse al día.
Las normativas ya están pidiendo datos concretos, metodologías claras y trazabilidad. Y esto solo va a ir a más.
No medir ya no es una opción. Porque sin datos, no hay informe. Y sin informe, no hay acceso a financiación, licitaciones ni confianza en el mercado.
Los clientes quieren saber qué hay detrás de cada euro que invierten. Y no basta con buenas intenciones, se necesitan números.
Los inversores están priorizando carteras con menor riesgo climático. Y eso se traduce en bancos que midan, gestionen y comuniquen bien su huella ESG.
Si no mostramos datos, perdemos oportunidades. Porque el mercado ya está premiando la transparencia y castigando la opacidad. Y eso, tarde o temprano, se nota en la cuenta de resultados.
Saber dónde estamos expuestos es clave. Al medir la huella de carbono, podemos identificar sectores con alto riesgo climático y anticiparnos.
Esto no va solo de sostenibilidad, va de proteger la rentabilidad de nuestras carteras y de minimizar posibles impactos regulatorios o de mercado.
Los criterios ESG ya están condicionando el acceso al capital. Bancos que reportan bien su impacto tienen mejor perfil de riesgo.
Esto se traduce en mejores condiciones, nuevas oportunidades y una posición más sólida frente a reguladores e inversores.
Transparencia y datos reales generan confianza. Y esa confianza se convierte en lealtad, inversión y crecimiento.
Una entidad que sabe explicar su impacto gana puntos. No solo por cumplir, sino por demostrar que sabe hacia dónde va.
CSRD, Taxonomía, SBTi, ISOs... ya no son etiquetas opcionales, son la base para operar con normalidad en muchos mercados.
Conocer el impacto climático nos permite conectar los datos con todas estas exigencias sin duplicar esfuerzos ni perdernos en el intento.
Trabajamos con muchos clientes, sectores y países. Y eso hace que obtener datos homogéneos y fiables no sea fácil.
Sin datos buenos, no hay medición útil. Y si los dejamos fuera, la huella que reportamos se queda incompleta.
El Alcance 3 es un dolor de cabeza para todo el sector financiero. Es donde se concentran la mayoría de las emisiones… y las dudas.
Hay que elegir la metodología adecuada, adaptar datos y evitar duplicidades. Y eso lleva tiempo, recursos y conocimiento técnico.
Muchas veces trabajamos con herramientas que no están pensadas para nosotros. Y eso se nota.
Lo que necesitamos son soluciones que recojan todos los datos ESG y los traduzcan en outputs útiles para cualquier caso de uso: informes, normativas o estrategia interna. Esa es la vía para dejar de improvisar.
No basta con recopilar datos. Lo importante es lo que haces con ellos.
En Dcycle centralizamos toda tu información ESG, la organizamos y la traducimos en insights claros para que puedas tomar decisiones con impacto real.
Reducimos la complejidad técnica y transformamos tus datos en estrategia. Así sabes qué medir, cómo y para qué.
Te ayudamos a cumplir con las normativas que ya están aquí (CSRD, Taxonomía, SBTi, ISO...) y con las que vienen.
Pero también vamos más allá del cumplimiento. Te damos los datos que necesitas para comunicar bien tu estrategia ESG con clientes, inversores y reguladores.
Todo desde un solo lugar, sin duplicar esfuerzos ni depender de múltiples soluciones.
No importa si tienes que reportar para EINF, CSRD, o alinear tus inversiones con la Taxonomía. Lo puedes hacer todo desde Dcycle.
Somos una solución integral y flexible. Adaptamos los datos a los distintos formatos y requisitos sin que tengas que volver a empezar desde cero cada vez.
Automatizamos cálculos, simplificamos reportes y hacemos que todo el proceso tenga sentido.
Se calcula midiendo emisiones directas (como consumo energético en oficinas) e indirectas (principalmente emisiones financiadas). El mayor peso está en el Alcance 3.
Préstamos, inversiones, financiación de proyectos, viajes de negocio, servicios externos… todo lo que no controlamos directamente pero activamos con nuestro capital.
CSRD, la Taxonomía Europea, los marcos SBTi y estándares como ISO 14064 están marcando el camino. Cada vez hay más exigencias y menos margen para no cumplir.
Sí, para muchas entidades ya es obligatorio. Y si aún no te aplica, pronto lo hará. Mejor anticiparse que improvisar cuando sea demasiado tarde.
Dcycle te permite medir, organizar y transformar toda tu información ESG desde una única solución. Sin líos y con resultados accionables.
Carbon footprint calculation analyzes all emissions generated throughout a product’s life cycle, including raw material extraction, production, transportation, usage, and disposal.
The most recognized methodologies are:
Digital tools like Dcycle simplify the process, providing accurate and actionable insights.
Some strategies require initial investment, but long-term benefits outweigh costs.
Investing in carbon reduction is not just an environmental action, it’s a smart business strategy.